Desierto

'El desierto, la experimentación con uno mismo, es nuestra única identidad, la única posibilidad para todas las combinaciones que nos habitan.'  (Diálogos, Gilles Deleuze – Claire Parnet)

'El nómada habita esos lugares, se mantiene en esos lugares, y él mismo los hace crecer en el sentido que se constata que el nómada crea el desierto en la misma medida en que es creado por él. El nómada es un vector de desterritorialización' (G. Deleuze, F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia)
 '...no es trágico ni está deshabitado, sólo es desierto por su color ocre y su luz, ardiente y sin sombra (…) en él hay una multitud bulliciosa (…) yo estoy en el borde de esa multitud, en la periferia; pero pertenezco a ella, estoy unida a ella por una extremidad de mi cuerpo, una mano o un pie' (Deleuze, G.; Guattari, F. Mil mesetas.)
 
'Cada anillo o cada meseta debe, pues, trazar un mapa de circunstancias, y por eso cada una tiene una fecha, una fecha ficticia y una ilustración, una imagen.'  (Gilles Deleuze Conversaciones 1972–1990)

Educación, crisis y agenciamiento social en Chile. (II)


Educación, crisis y agenciamiento social en Chile.
Segunda Parte: Contrapunto.


Los discursos son espacios en constante dispersión, mapas en movimiento que nos obligan a elaborar constantemente nuevas cartografías para poder situar el orden que toman los enunciados en sus distintos niveles, siendo necesario dimensionarlos dentro de determinados procesos históricos, demarcando tanto sus connotaciones ideológicas, sus condicionamientos estructurales, sus mixturas y adecuaciones en el espectro liberal.

La tradición política tal como la conocemos, se encargado de codificar los discursos en espacios dicotómicos de entendimiento, subordinando los campos ideológicos a un espacio instrumental, de ahí que sus principios se apliquen mecánicamente, hasta el punto de su naturalización en medios intelectuales, periodísticos y de especialistas, todo lo cual hacen complejo pensar un afuera de estas relaciones en tanto trama integral de alternativas, lo que determina el diálogo a espacios contrapuestos de un mismo escenario, que tiene como límite acuerdos normativos flexibles, contextuados por las lógicas de mercado, que condicionan la oferta y la demanda, como sus posibles; ideológicos o sociales.

Dimensionar un pensamiento sustantivo y promover el tránsito progresivo hacia un conocimiento entramado a las prácticas sociales, presupone necesariamente un esfuerzo ético, dónde la vida humana y su historicidad constituyen las fuerzas centrales del cambio hacia un nuevo estadio de desarrollo científico y tecnológico, “es decir, trabajo vivo en cuanto objeto del capital y trabajo vivo en cuanto sujeto de su propio devenir”(1), para constituir un modelo social que englobe todos los procesos de subjetivación.

El progresivo sometimiento del sistema educativo a las a las técnicas de gobierno y la irrupción del mercado en las prácticas de planificación, han convertido a las escuelas en piezas claves del armado neoliberal, continuidad de la tradición disciplinaria y el pragmatismo de la empresa conformada por estudiantes, en su calidad de clientes y futuros empleados o cesantes endeudados, condicionamiento que invalida cualquier influencia que pudieran tener a largo plazo en las variables de cambio, ante la carencia de un proyecto que promueva un horizonte de relaciones propio y permita generar espacios nuevos de creatividad entre la institucionalidad y las formas políticas.

Esto si partimos del supuesto que somos capaces de compartir los costos y beneficios que importan a la sociedad en sus distintos niveles, ya sea a mediano o largo plazo, más allá de la perspectiva e interés estrictamente individual de los grupos ajenos al cometido común, una actividad como la educación no puede sino ser considerada desde un punto de vista social, acorde a un conocimiento dinámico de la realidad, que no obtiene validez a partir de su facultad universalizadora, sino de su capacidad de dirigirnos y mostrarnos una “inmensa red de relaciones”. (2)

En este sentido deberíamos pensar que implica que la educación cumpla un servicio público, no sólo como una empresa del estado o una actividad subsidiaria de este, sin caer en la mitología de un sistema social carente de actualidad o contexto, de lo contrario, pese a que nuestro proyecto sea coherente bajo sus propias reglas discursivas, favorecemos un orden de continuidad que se ha caracterizado por profundizar las contradicciones del modelo, es cierto que estas fracturas tienen que ver con la desarticulación de la sociedad civil como espacio de cohesión social, pero también dicha historicidad es consecuente con la demanda real comprometida en el proceso, parte esencial del problema y variable sin la cual es ilegible el amplio apoyo de gran parte de los sectores sociales.

Es precisamente al interior de estas contradicciones, en este espacio diferencial irreconciliable para los mapas políticos, dónde se hacen efectivas las normas convencionales, y las relaciones de poder que profundizan la crisis, subvirtiendo el uno al otro, dando lugar a espacios deslocalizados, invisibles para de los discursos dominantes, espacios en tránsito, un constante devenir que desafía y compromete las prácticas educativas con las vidas de todos los involucrados en el quehacer social, más allá de la promesa de un futuro, más acá de nuestras condiciones materiales y la multiplicidad de vidas y expectativas que éstas proyectan.

El lugar de estos discursos responden necesariamente al sustrato político de nuestra historia reciente, motivaciones que ponen en relieve las rupturas o cortes de línea en el desarrollo social, ya que hablamos de proyectos que inspiran los modelos que como sociedad queremos construir, a partir de la misión que las instituciones educacionales tienen en su rol de formador de individuos, como a su vez del papel que estas desempeñan en la sociedad que las motiva. Comprender estas rupturas, no implica necesariamente dilución de los principios que mueven el pensamiento de izquierda, sino una apertura de estos, que permite verlos en perspectiva y definir su eficacia.

Con el objeto de situar la diversidad de perspectivas, podemos identificar a grandes rasgos tres tópicos centrales, que a su vez corresponden a los escenarios históricos del  movimiento educacional de los últimos años; por un lado tenemos el diagnóstico de una creciente apertura de la oferta educativa condicionada por la especulación, y la evidencia de una incompatibilidad de paradigmas a la hora de definir igualdad y equidad en las políticas de financiamiento (crisis), observamos también una sociedad cada día más consciente que la educación es el reflejo de un esfuerzo colectivo, cuestión que hemos observado en la confluencia de movilizaciones, la creciente articulación organizacional y todo tipo de demandas mediatas e inmediatas (movimiento) y por otro lado la holgada administración de estos procesos a fin de generar nuevas políticas y acuerdos (reforma).

Estos tópicos dan cuenta de un estado o “normalización” de la estructura atingente a la política educativa, dónde se ordenan y operan los actores referenciados por la producción discursiva de los campos interés definidos por la matriz político clásica (dicotomía estatal v/s mercado), la que podemos despejar y descomponer en sus elementos principales para entender sus puntos de inflexión.

Podemos resumir estas posturas en tres puntos:

1.- Si bien es cierto que cuando la educación pública se apoyó en el esfuerzo del Estado, hubo insuficiencias de cobertura y en muchos aspectos fue incapaz de dar solución a problemas estructurales. Por lado, la educación pública chilena bajo la impronta del Estado Docente, obtuvo logros que trascendieron nuestras fronteras debido a que la educación pública estuvo centrada principalmente en el papel de los educadores, mientras hoy en día lo está en los sostenedores, en los alcaldes, en los gestores privados, que no tienen ninguna vocación como no sea en objetivos que están en otras esferas de interés ajenos al proceso educativo.

2.- Una participación más activa del Estado como ente regulador es criticada a partir de afirmaciones que sostienen que la Educación Pública es deficiente por el simple hecho de ser pública y que a consecuencia de ello, es culpable de las insuficiencias que tuvo el sistema educacional chileno antes de la reforma neoliberal que impusiera el régimen autoritario. Tales carencias de la Educación Pública justificarían las ventajas del sistema actual, donde todo queda sujeto a las reglas mercantiles, y donde el papel del Estado sólo está destinado a garantizar ciertos accesos mínimos para los menos beneficiados. A su vez se constata que el grueso de los recursos sirve para financiar proyectos educacionales orientados exclusivamente al lucro de ciertos sectores, instituciones o personas.

3.- El enfoque privado de la educación enfatiza que los desembolsos o gastos asociados a ella, tales como aranceles, materiales, transporte, etc. se conciban como una inversión privada directa, inversión que como tal tiene un costo alternativo, y que su fin principal es incrementar la productividad laboral. Aun cuando tal enfoque adolece de simplicidad en el análisis, puesto que el sistema educacional produce otras externalidades esenciales para el cambio y el desarrollo social, y sus insumos tiene orígenes variados entre los cuales el aporte privado aparece como uno más, no es menos cierto que en este enfoque se fundamentan variadas políticas públicas, relacionadas con el sistema de matrículas, subvenciones escolares, créditos y becas.

Estas posturas marcadas por la tensión entre la inversión del mundo privado y la demanda histórica de una educación cuyo fin sea el propender a mayores niveles de movilidad social, han formulado dos grandes modelos interdependientes, por un lado en relación a la “equidad social” y por otro a la “calidad del sistema”. La primera tiene que ver con la igualdad de acceso al sistema y la segunda con la calidad de la educación que reciben los educandos en cada una de las partes en que se divide el sistema educacional. En estos términos, no hay equidad si los individuos no gozan de las condiciones materiales y de formación personal indispensables para acceder al sistema educativo, pero tampoco hay equidad si una vez ingresados al sistema, no reciben educación de calidad similar para todos.

Estos puntos son centrales ya que la nomenclatura y énfasis que cada uno de ellos distingue, permite demarcar los aspectos centrales del debate y que tienen que ver tanto con el rol de estado y el mercado, como con el énfasis respecto de la libertad y la igualdad al interior del modelo democratizador, definido en el gobierno de la concertación “desarrollo con equidad". Bien, discutamos sobre este punto.

La equidad viene del latín aequitas, de aequus, igual. El término tiene una connotación de justicia e igualdad social que supone responsabilidad y valoración de la individualidad, llegando a un equilibrio entre ambas, la equidad si somos fieles a su definición filosófica es: lo justo en plenitud. El problema de la equidad en el plano educativo es enormemente complejo, siempre se ha planteado la educación como una herramienta para favorecer la igualdad social, pero cuando hablamos de equidad, el énfasis es necesariamente pragmático, ya que supone desplazar de la agenda concepciones ideológicas que respondan a una igualdad a secas, que se expresan en la demanda por la gratuidad, ya que la equidad bajo una lógica redistributiva aparece supeditada a la idea de desarrollo, basado en la libre competencia como instrumento destinado a alcanzar mejoría social, cultural y económica.

Este es un problema cuestionable en todos los niveles, ya sea a partir de una fórmula igualitaria, necesaria o posible, dependerá en cada caso de variables estructurales a las cuáles se aplique, por ejemplo la educación primaria será determinante a la hora de seleccionar a los futuros profesionales, y no así las cualidades relativas al mérito o aptitudes personales como dinámicas de selección, variables instrumentales de regulación que instituyen gradaciones de justicia, coherentes con los niveles de fragmentación y segregación de uno de los modelos económicos más desiguales del mundo.

De esta forma hablamos de equidad con énfasis distintos, "lo propio de lo equitativo consiste precisamente en restablecer la ley en los puntos en que se ha engañado” (3), pero siempre en un sentido parcial sujeto a cuestiones ordinarias, debemos recordar que pertenecemos a una tradición republicana liberal, cuyo fin es cautelar y reformar velando por la articulación de intereses y valores que tienen lugar en espacios acotados de la gerencia social, donde la equidad redunda en equivalencias posibles dentro del abanico de posibilidades que ofrece el mercado a la par con las indemnizaciones sociales que promueve el estado, fórmula incuestionable en los debates de estos últimos 30 años salvo en la cotidianidad de colectivos y pequeñas orgánicas, y que hoy desborda nuestras expectativas históricas aglutinando a gran parte de la sociedad chilena y la opinión pública internacional.

Lo que esconden estos discursos, es la crisis que los mueve, el diálogo prevalece por sobre graves problemas de igualdad en acceso y calidad, que bajo la semántica de la equidad y el buen vocabulario político, hacen inaudibles posturas que propugnen un cambio de modelo. No por nada las políticas estatales tienen como público objetivo la población más vulnerable, o al menos, la más cercana a los mecanismo de protección social, lo que no sólo revela la enorme distancia entre los sistemas público y privado, sino también de los subsistemas de precariedad estructural, dónde las condiciones de vida sitúan a gran parte de la población simplemente fuera del sistema educativo.

El discurso y las prácticas políticas de las democracias liberales ignoran que todas las medidas tendientes a democratizar la demanda a partir de la autonomía relativa y la flexibilidad en la oferta, no hacen sino reproducir las condiciones de clase dentro de la sociedad, estratificación que afecta tanto al sector subsidiario como el sector público, autonomía que se traduce en mera inversión privada, y libertad, que implica en la práctica, educación particular o subvencionada, agudizando las diferencias e impulsando una lucha de precariedades sistémicas.

Debemos al menos sospechar que los grupos privilegiados que acceden a la educación superior no solo ocupan las principales vacantes de educación pública, sino que a su vez son los futuros encargados de estas dinámicas de control y gestión, performance histórica, que actúa como mecanismo ritual del poder y sus paradojas, y no como variable de nivelación o movilización real en favor del desarrollo colectivo.

Esto incide en una revalorización por parte de algunos actores, de la antigua matriz estatal-popular, a través de la cual plantean reasignar al Estado el rol como centro de lo político y social, para el desarrollo de reformas y para la resolución de las demandas sociales y por lo tanto, una reversión progresiva del modelo, lo que genera reacciones encontradas entre quienes buscan mantenerlo y quienes propugnan cambios, ya sean profundos o superficiales.

Estas contradicciones son parte de un  proceso paulatino, según el cual los intereses y formaciones sociales lejos de toda lógica, no se ha consolidado en determinadas instituciones, sino que a la inversa, las instituciones y las fuerzas políticas tienen como trasfondo una amplia gama de condicionantes y normativas que involucran que cualquiera de los cambios posibles tienen un alcance temporal, un marco de operatividad, que responden de los mecanismos de control amarrados a las formas constitucionales heredadas de la dictadura.

En este sentido, si medimos los alcances del actual movimiento en términos históricos, es hasta cierto punto razonable buscar una salida, siempre que con ello se marque un precedente a seguir, “…una negociación sólo tiene sentido si existe la posibilidad de llegar a un acuerdo que cumpla con las reivindicaciones fundamentales. Si una parte rechaza terminantemente lo que para otra es fundamental, lo más lógico es terminar la negociación y buscar el triunfo en otra parte...” (4) El análisis y las propuestas que han llenado de artículos la internet, son evidencia de que la sociedad chilena vuelve a creer en la democracia, y que las demandas sean de izquierda o simplemente ciudadanas inauguran poco a poco un proceso constituyente que ha ido sumando fuerzas no gracias a acuerdos tácticos o recetas políticas, sino al desborde constante de la estructura social.

La demanda por una constitución democrática, tarea de la ciudadanía, radica en el ejercicio de su potestad soberana, poniendo en cuestión toda regulación que sea exterior a su propia constitución.  El Poder Constituyente es el que ejerce el pueblo en un acto soberano, en el que expresa su voluntad política en la constitución de la relación consigo y en la constitución de la relación con los otros, un ejercicio ético de libertad  que “abre un campo a nuevas relaciones de poder que hay que controlar mediante prácticas de libertad” (5)

Los alcances de lo que hemos llamado entusiastamente estos últimos meses “el movimiento”, deben en consecuencia responder a las demandas que se ha dado a sí mismo, olvidar sus diferencias en acuerdo a las acciones sostenidas por toda la población que ha dado legitimidad a las movilizaciones, hace tiempo que la efectividad de cualquier demanda está fuera de sus interlocutores inmediatos, nada menos estratégico puede haber en el culto a la personalidad y el carisma, las formas mediáticas del capitalismo solo cumplen con instrumentalizar uno tras otro los simulacros para anular la singularidad del común.

Asistimos a un movimiento del deseo, cuyas capacidades de reproducción y contagio lo hacen instituyente, capacidad constante de reorganización e innovación que ha radicado en la superposición del rol del agente cooperante al del dirigente, generando progresivamente campos de autonomía, que junto con emplazar a la ciudadanía, le han permitido generar nuevas alianzas con el campo popular. Alianzas que actúan a través del fortalecimiento y la multiplicación de las capacidades de los individuos rompiendo con las relaciones de poder que las determinan.

“Un proceso de comunicación de una lucha local a otra (…) como una enfermedad contagiosa,  por comunicación de prácticas y deseos comunes” (6) alianzas o ensamblajes que le permiten a un grupo de personas, cuyos miembros no son identificados como sujetos o individuos de una u otra categoría, devengan en algo más que un grupo, para transformar los espacios y situaciones en un proceso continuo de rebasamiento.

Notas

1 Cesar Altamira, “La guerra como el control de las multitudes” en “Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina” A. Negri, G. Cocco, C. Altamira, A. Horowicz. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2003 p. 59
2 Alusión a William James en “Por una política menor” Maurizio Lazzarato, 2006, De la edición Traficantes de Sueños.
3. Aristóteles, Moral a Nicómaco, libro quinto, capítulo X
4. Élise Hendrick, “Tres preguntas y un sacrilegio para el movimiento estudiantil chileno” en http://meldungen-aus-dem-exil.noblogs.org/
5. Michel Foucault, “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad”, Entrevista realizada por Raúl Fomet-Betancourt. Helmul Becker y Alfredo Gómez-Muller el 20 de enero de 1984.
6. Michael Hardt, Antonio Negri, “Multitud, guerra y democracia en la era del imperio” Primera Edición Buenos Aires: Debate, 2004 p.251


Educación, crisis y agenciamiento social en Chile. (I)


Educación, crisis y agenciamiento social en Chile.
Primera Parte: Afuera de la educación.



«Estamos al principio de algo (…) en el régimen de las escuelas: las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la universidad, la introducción de la ‘empresa’ en todos los niveles de la escolaridad.»

Gilles Deleuze

Para entender las contradicciones que vive hoy la sociedad chilena debemos analizar cómo es que han ido mutando las formas de interpretar y significar la realidad, poco a poco nos hemos ido acostumbrando al uso de un nuevo vocabulario político, hace algunos años, el pasado gobierno inauguró en el imaginario social el concepto de 'equidad', desplazando con bastante aceptación el común uso del término 'igualdad', de forma que hacer la distinción entre estos se volvió un tema obligado en cualquier documento serio, y a la hora de darse cualquier debate aparece como un signo de buena formación académica. Algo parecido aconteció con el concepto de diferencia, lo importante ahora ya no es lo que nos hace distintos, sino lo que nos hace diversos, como si lo diverso constituyera un valor en sí mismo, diversidad que si bien no reúne ni distingue, define y construye la falsa imagen de un nuevo tipo de identidad.

Emprendamos en este breve ensayo la tarea de cartografiar estas diversidades, y como buenos emprendedores que somos, hagamos el ejercicio de pensar el concepto de empresa en un sentido amplio, para entender de qué forma se va introduciendo en nuestras escuelas, armemos como hace Foucault, un cuadro, una empresa como se decía en el siglo XVII, con el fin de descifrar las formas culturales, sus técnicas, sus métodos, y sus sistemas de interpretación. (1)

La historia muestra que cada cierto tiempo, en momentos de aparente crisis o ruptura ontológica con la tradición, la creatividad constante de las sociedades tiende a dar paso a nuevas estéticas y narrativas que traspasan la vida cotidiana, como flujo, proceso o evolución del saber colectivo. Estos movimientos del saber permiten nutrir el desarrollo cultural de la sociedad, de la cuál emergen pensadores que tienen la capacidad de interpretar estas señales y significarlas, plasmándolas en el arte, la técnica y la ciencia.

El tiempo se encargará luego de organizar y recrear estas manifestaciones, haciéndonos hablar de ellas como hechos del pasado, sacrificando nuestra experiencia y el saber colectivo que las constituye, por una nostalgia monumental, privilegio de grupos e instituciones que capitalizan estos discursos, cristalizando en el tiempo, un movimiento, que parece escrito en nuevo lenguaje, tarea de especialistas y técnicos, que han sabido recodificar y elaborar a partir de estos, sofisticados instrumentos de control, de difícil acceso y muy complejos de comprender.

Un ejemplo de la emergencia de estos saberes lo fueron las llamadas vanguardias culturales, que en tanto emergencia de bienes sociales, son una clara muestra del funcionamiento del viejo modelo de producción y sentido, donde transitan las múltiples externalidades positivas derivadas del proceso educacional fuera y dentro de las instituciones, centros o 'contenedores institucionales', desborde lógico de las formas de representación plasmados en el cotidiano de las prácticas, expectativas y formas según evoluciona el pensamiento.

Una empresa colectiva avocada al desarrollo educacional como motor de cambio social debe en este sentido, comportar tanto la memoria del pasado como la del presente, cualquier idea que tengamos sobre el futuro, no existe más allá de nuestras acciones cotidianas por más pequeñas que éstas parezcan, la emergencia y apropiación de los nuevos saberes puede ser duradera a partir de una organización social entramada en el día a día de las nuevas redes de comunicación, atenta a las variables o quiebres institucionales, que nos permiten establecer una interrelación afirmativa con la multitud de sujetos que participan de su desarrollo.

El actual movimiento por la educación, precedido por movilizaciones hasta ahora inéditas de nuestra historia reciente, en gran medida ha tenido éxito gracias a la reapropiación del trabajo colectivo en conjunto con la sociedad civil, la multiplicidad de demandas ha transformado progresivamente las formas organizacionales, implicando a un espectro cada vez mayor de voluntades, construyendo desde la práctica y la improvisación, una “caja de herramientas”, que potencia desde la heterogeneidad y la crítica, un pensamiento libre caracterizado por una multiplicidad de escenarios diversos, cuya fuerza ha radicado en la autoconvocatoria, como “recodificación estratégica” permitiendo junto con situar la diversidad de posturas en conflicto, dimensionar los verdaderos alcances del movimiento.

Todas estas señales, en apariencia incompatibles; articulación, espontaneidad, fuga, organización, impiden entender las nuevas formas de antagonismo, cuyos objetivos aun no están escritos, precisamente porque estos no se encuentran en los libros ni en las aulas. La sociedad civil, las instituciones y los hombres, todos ellos responden a un orden extrínseco, es la sociedad misma recreándose desde un exterior, lo que vemos, por fuera de lo que hemos definido como sociedad, es una lucha constante de interpretaciones, una multiplicidad de signos que garantizan exteriormente la idea desnaturalizada de la causa, el fraude de la ley y la falsedad de la interpretación. (2)

Es por esta razón, que junto con observar las condicionantes de la actual crisis, cuyo primer diagnóstico podrían ser las formas jurídicas heredadas del régimen militar, la administración política del continuismo binominal y la diametral contradicción entre la repartición de la riqueza y el eventual éxito financiero, es necesario hablar de un exterior, de un afuera de la educación, la reorganización de un movimiento social de estas características desborda en el análisis las nociones clásicas de lo público y lo privado, de las estructuras y las organizaciones sociales, de ahí su capacidad de potenciar y entramar en sus demandas todos los procesos de subjetivación, regenerando y reinventando formas ciudadanas que se veían soterradas.

Un afuera de la educación supone traspasar las barreras de la ciudad civilizada, remover las bases populares, y agenciar la diversidad de saberes connaturales a nuestra fisonomía identitaria, desarrollando en su ejercicio una pedagogía colectiva capaz de promover una enunciación múltiple de sujetos sin relaciones diferenciales, por medio de una serie de coaliciones negocia y construye su propios espacios de conocimiento, replanteando radicalmente los sistemas pedagógicos y universitarios, acción educativa de la cual se desprende progresivamente una agenda de acción política, trazando un camino rizomático de experiencias contextuales y emplazado a quienes requieran de los instrumentos necesarios para su reproducción y síntesis.

Notas

(1) Foucault, Michel, “Nietzsche, Freud, Marx” de la traducción: Carlos Rincón, Revista Eco nº 113/5 Bogotá, Colombia.
(2) Parafraseo final de párrafo del 'Tratado teológico-político' de Baruch Spinoza, Cap. 2, ver Gilles Deleuze, “Spinoza, Filosofía Práctica”, en 'Seres Geométricos'.



La cuestión indígena: cuerpo y representación



Un diagnóstico posible de las variables que influyen en la cultura, puede ser abordado a partir de las relaciones que traman la vida de un cuerpo determinado, como también de las formas representacionales que lo modelan, entendiendo estos planos como extensiones de un proceso que tiene lugar tanto en el contenido como en la expresión, los cuáles determinan sus agregados y elementos. Todo cuerpo individual o social sufre modificaciones, según se ven afectadas sus sensibilidades, según se actualizan sus bordes, según las texturas que toma su piel y los acontecimientos que lo delimitan y sitúan como una identidad determinada, en un plano real o contextual de la existencia.

En la historiografía chilena, el cuerpo indígena aparece habitualmente como un conjunto humano informe, un espacio a domesticar, sujeto a todo tipo desgarros, materiales, biológicos e individuales, necesariamente invisivilizado en tanto objeto de la materia viva, un hallazgo naturalista de la vida vegetal y animal que transita entre el nacimiento y la muerte, tipificado según fenómenos característicos de una unidad celular, como son la gestación, el crecimiento y la reproducción.

Esta relación es inherente a los procesos de conquista y a las formas morales que van a sedimentar lo que hoy conocemos como estado moderno, relación transversal que se establece entre el tratamiento del cuerpo indígena y el pensamiento que se instaura a partir de la racionalidad occidental, agenciando los mecanismos que operan a fin de establecer un mapa urbano e institucional de referentes representacionales que territorializan las piezas de la urbanidad, conformando un paisaje higénico de identidades temáticas definidas por el ordenamiento normal de la especie, ya sea como entidades míticas de carácter simbólico o agregados territoriales fundantes del “cuerpo político”.

La ilusión de este “cuerpo” responde a la historia contada, administrada, y tutelada por los dispositivos de civilidad, que producen, reproducen y legitiman desde una mixtura biomédica la simbiosis del español y el indígena, subsumiendo la identidad y administrando la vida en el consenso armónico de los cuerpos, borrando cualquier registro particular que se resista a las premisas colectivas de la nación, el estado y la representación, que tienen como fundamento central promulgar el autoritarismo y el liberalismo a partir de un metafísica contractual, a fin de extinguir la violencia y proteger la propiedad y la libertad, entendidas como la vida y los bienes burgueses.

Este orden de demarcaciones subjetivas, existenciales, geográficas y materiales, permite suturar las fronteras de la lengua y las formas culturales, resignificando el deber ser indígena, artificialidad que los adhiere, material, sexual e identitariamente al mito de la historia republicana, con el objeto de hacer desaparecer los territorios reales y culturales, desplazando los cuerpos libres e instrumentalizando a los dóciles, frontera que va a recorrer los márgenes de la ciudad y la violencia por un lado, la fiesta intercultural y el desarrollo artesanal por otro.

La narrativa de fronteras se propone de esta forma, descontextualizar y extirpar al indígena del cuerpo de la historia, teniendo como antecedente el hallazgo monumental de precarias formas de intercambio, exhibiendo como ideal social, al sujeto cautivo, civilizado, awingkado, cristianizado y público, homogeneización funcional a los mecanismos que establece el Estado Nacional-Popular reproduciedo y diversificando las formas de dominación subjetiva, ya sea al interior de la administración estatal, o como forma espectacular de la representación política.

Esto es más que evidente al interior de la población de referencia del aparato administrativo, espacio binario donde se relejan los dobles y desgarran los cuerpos silenciados, escindiendo representación y significado, configurando la ilusión constante de un afuera, con la particularidad de reunir bajo la figura de la heterogeneidad, múltiples dispositivos de captura y normalización, mixtura que demarca las fronteras al interior de aquel perverso crisol, que supone el reconocimiento como forma de legitimidad del poder político.

Este ejercicio del poder es el denominador común de los sistemas de etiquetaje, preocupación renovada del racismo científico, que fortalece la discriminación racial promulgando intereses relativos a la identidad y el desarrollo de los pueblos, ejercicio administrativo en constante colaboración y tensión con la ciencia, la tecnología y las formas jurídicas, en tanto dispositivos anatomopolíticos específicos diseñados para la construcción de nuevas formas de identidad y de ordenamiento social, que constituyen el modo de legitimación de un modelo basado en el desequilibrio económico y político de la relaciones sociales.

Esta tensión se hace patente al interior de las demandas del tipo “étnica”, que más allá de liberar las condicionantes que suponen una relación de desigualdad de naturaleza ontológica, reivindican la diferencia en sus características “naturales” e “históricas”, escencialismo que corre de la mano con la relación identitaria o de pertenencia que se establece según estos órdenes de administración. De esta forma el colectivo desaparece dejando de ser una entidad política real, para ser traducido a una mera población demográfica y biológica.

La moderna traducción del nativo a la fórmula del ciudadano es la operatoria que inscribe el discurso salubrista en los cuerpos de los vencidos, el cuerpo indígena aparece aquí como condición y objetivo de los mecanismos del biopoder, activando los centros y las lógicas del dominio, centros mutantes de interacción subjetiva que retroalimenta los elementos del Estado, el cuál lo requiere para sí como objeto de gobierno para de esta forma definir los códigos de urbanidad que le permitan superar el estado de barbarie “natural” que le antecede y disponer de un uso adecuado de los cuerpos y las conductas individuales.

Las formas representacionales que aglutinan la demanda histórica y los usos culturales dentro del mapa político administrativo, oscilan entre estos dos procesos; negación y asimilación, actuando bajo el nombre de la memoria, vaciada, sustraída del presente, no-situada y fetichista de las formas culturales. Esta es la lógica de una soberanía subvertida en el goce colectivo, un efecto de la plusvalía del poder determinada por la cultura del valor, ambivalencia que se encuentra arraigada en el tiempo del olvido, en los intersticios que demarcan la memoria y el presente, en aquella distancia normalizada entre discurso y acto, que caracteriza las formas morales del amplio espectro de la sociedad chilena post-dictadura.


Creatividad biopolítica y sociedades de control

With the passive danger of entropy and the active danger of sabotaje.
Deleuze, Postscript on the Societies of Control


El poder señala Eduardo Rothe (1) no puede tolerar el vacío, no perdona a los territorios supracelestes el ser descampados librados a la imaginación. Rothe observa que a partir de la “Conquista del Cosmos” astronautas en uniformes blancos, asexuados, dando brinquitos por espacio, capitalizaron la experiencia del tiempo, propiedad de los curas en sotana negra que saturados de mercancías eyacularon en el espacio vedettes in vitro dispuestas en pequeñas cabinas, provincias, leyes y tribunales internaciones.

De igual forma, los medios capitalistas de “producción del espacio” (2) hoy están sufriendo una acumulación tal que los modos de antropizacion y metamodelización de la gerencia territorial, han devenido en un jardín de “territorios existenciales”, en heregoneidades inconcientes al interior de un espacio degradado y vuelto a la experiencia en una actitud psicológica, virtual y polifónica.

I. ¿Virtual, actual, real?

Todo hecho singular es siempre plural, podemos distinguir singularidades plurales o singularidades singulares a fin de comprender su forma universal o particular del devenir actual, virtual o real de su potencia. Una singularidad deviene actual en tanto continuidad o duración del acontecimiento, acontecimiento que en su virtualidad se muestra como una máscara o imagen del acontecer universal y real en su forma coyuntural, pre-política y binaria, por lo tanto abstracta y significante bajo distinciones de lo absoluto.

Una hipótesis posible, según la cuál la virtualización de la experiencia no supone un lugar fenoménico únicamente, sino un realismo ontológico y por tanto un materialismo, radica en la disposición según la cuál se concatena la producción de las subjetividades, o dicho de otra forma, bajo la pregunta por la identidad.

“La identidad de una verdadera entidad (…) debe ser explicada por el proceso que la produjo (…) - por ejemplo - la "fabricación" en los procesos donde el hidrógeno, las estrellas y otros átomos se producen. Cuando se trata de las ciencias sociales la idea es la misma: la organización institucional, las ciudades, los estados-nación son entidades reales que son el producto de procesos históricos específicos según el grado de identidad que hay que tener en cuenta a través de los procesos que los creó y que los mantiene.” (3)

Esta definición de materialismo que propone DeLanda, entiende que el estatus ontológico de los conjuntos es de dos caras: como entidades reales de todas las agrupaciones sociales por un lado y de otro como escala de las singularidades individuales, pero las posibilidades desplegadas para ellos en un momento dado, se ven limitadas por una distribución universal de las singularidades, el diagrama de la asamblea por ejemplo, no es real, sino virtual. (4)

DeLanda muestra que cuando se reemplaza la esencia por la multiplicidad, sustituimos una ontología jerárquica de los géneros, especies y organismos individuales, por una ontología plana que trata a todas las estructuras espaciales como individuos creados a través de determinados procesos causales. De ésta forma – en palabras de Deleuze- es posible distinguir la identidad en términos esenciales por un lado, y en términos continuos por otro, relativo a las verdades de la existencia. (5)

Jacques Attali a propósito del sonido del tambor y del canto, señala que estos son siempre portadores de lenguaje (6), lo que no implica necesariamente que tengan un solo significado que podamos interpretar desde el análisis lingüístico, ya que el lenguaje del tambor y del canto se encuentran en una forma natural, cuya interpretación es siempre artificial.

En las sociedades arcaicas por ejemplo, es a través de ritmos, cantos, danzas, máscaras, las marcas en el cuerpo, la tierra y tótems, los que nos refieren a las formas colectivas, desde las cuáles emergen las significaciones, las máscaras señala Barthes son “el sentido, en tanto que absolutamente puro” (7) en cambio la mirada, pura banalidad estética refinada.

Elicura Chihuaylaf, oralitor mapuche describe en uno de sus bellos poemas que “Las palabras son como el sonido del kultrún” (8), estas resuenan hasta unirse con el pulsar de la tierra en cantos polifónicos de ritmos y bailes de cuerpos suspendidos en el tiempo, hablando de un espacio imaginado dónde habitan. El cuerpo ya no como el espacio, o el refugio, que asegura la idea del yo, sino, por el contrario, el dominio donde el yo es contestado e incluso perdido, lo importante es su resonancia y las vibraciones que se producen en un territorio que le dan vida.

Es a partir de estas inter-conexiones de producción donde emergen las propiedades. La realidad real de la vida, del aquí y del ahora, del tiempo real, cuya metáfora se ha hecho visible en la virtualidad, actualización constante de la realidad, que en sus radiografías polifónicas y multiplicidades, enuncian el antes y el entre del lenguaje, de vibraciones y potencias.

II. Heterogénesis

Ni el espacio, ni el tiempo son lo que han venido siendo desde siempre. El colectivo, sujeto a un espacio móvil, a un habitar y un convivir dentro de un “espacio-público” se ha difuminado, dejado prácticamente vacío el lugar monumental del ágora como dispositivo arquitectónico que movía a la enunciación y práctica política.

El espacio de-fijurado del cuerpo político, cada vez más abstracto, recrea y teatraliza una y otra vez la “miseria de lo cotidiano”, recodificando los escenarios comunes, multiplicando el lugar representacional de su propia apertura, cruzada y dividida por la configuración instantánea de posiciones materiales e imaginarias de las prácticas espaciales.

En dicho espacio practicado de configuraciones, es dónde emergen nuevas cartografías, esbozos de un espacio contractual geométrico, diagramas de flujos que intersectan los vectores de lo humano y lo post humano, como un doble eje de posibilidad al interior de la frontera del tiempo-espacial y la aceleración multiplicante de acontecimientos y yuxtaposiciones.

Pensemos en una fotografía de la multitud, la multiplicidad de los cuerpos y la desaparición de los rostros oponen a la “imaginación espacial” de la imágen-pública con las representaciones de la vida cotidiana, superponiendo producción y deseo a partir de las contradicciones entre las catexias de interés y las del placer, ambivalencia que suele promover valores como los de igualdad, justicia y cooperación en principio tolerables y concepciones políticas y estratégicas aberrantes.

“Desde la perspectiva de la política molecular el mismo individuo puede comportarse como una entidad aplastante de las plurales subjetividades que lo componen. En ese caso, practicaría en su “interior” un colectivismo fascista que revertiría en un comportamiento “exterior” o intersubjetivo igualmente fascista. La propia distinción o segmentaridad dura, cortante entre un interior y un exterior de la personalidad, coadyuva al montaje fascista. La individualidad segmentarizada no puede fungir de elemento fundante de una nueva política.” (9)

Es por esta razón que Deleuze y Guattari dirán que el fascismo implica un régimen molecular que no se confunde ni con segmentos molares ni con su centralización, de esta forma las "líneas" y "segmentos" son restrictivos de la molaridad, en cambio una línea de segmentos bien determinados, se prolonga bajo la forma de un flujo de cuantos. (10)

La auto-producción deseante del colectivo se desarrolla formando un “sistema lineal-binario” de situaciones y efectos al interior de los códigos de registro que soporta el diagrama de flujos y el eje binario conformado por las formas de producción (11). La relación binaria de estos ejes supone un lugar intersticial, un espacio contrageográfico, el cuál se construye a partir de pliegues que al desplegarse, posibilitan nuevos mapas de deslocalización del tiempo, reflujos del ser en la tensión “entre” (12) estos ejes, delimitando el “territorio existencial” que va ha producir nuevas subjetividades.

De esta forma los escenarios imaginados desactivan los lugares en beneficio de los “no-lugares”, mutaciones del tiempo, trastocamiento de los espacios, dónde lo cotidiano se torna en no-cotidiano, desterritorializando permanentemente las comunidades en emplazamientos fronterizos.

La desterritorialización que agencia éste desborde emplaza a la multitud a un éxodo, “defección de masa” como sobreposición del diagrama de códigos y las formas de determinación estructural biopolítica, una esfera pública del intelecto, que fractura las estructuras, semejando una explosión (13); como una detonación en cadena, una multiplicación en todos los sentidos.

Este “plan de consistencia” abre un “espacio afuera” en el cuál emerge un “umbral antopogenético”, una actividad con una dimensión ritual, que se propaga en “los intersticios del tiempo profano” (14), no como inscripción sino como intercambio y traspaso móvil, “…como series que van a penetrarse, a encajarse más allá de las diferencias de tiempo y espacio”. (15)

En una impetuosa carta que Deleuze envía a François Ewald para que se la transmitiera a Foucault, Deleuze se pregunta: ¿cómo concebir las relaciones o las conjugaciones, las conjunciones, los procesos de unificación?

“Yo diría que el campo de inmanencia colectivo donde se producen en un momento dado las articulaciones y donde trazan sus líneas de fuga, presenta también un verdadero diagrama. Por tanto, hay que encontrar la articulación compleja capaz de efectuar este diagrama, operando la conjunción de las líneas o de los puntos de desterritorialización. Es en este sentido en el que yo hablaba de una máquina de guerra, totalmente diferente del aparato del Estado y de las instituciones militares, y también de los dispositivos de poder. Así pues, tendríamos por una parte: Estado-diagrama del poder (siendo el Estado el aparato molar que realiza los micro-datos del diagrama como plano de organización); y por otra parte, el diagrama de las máquinas de guerra, de las líneas de fuga (siendo la máquina de guerra la articulación que realizan los micro-datos del diagrama como plano de inmanencia)” (16).

A este respecto – señala Negri – que el problema es “saber qué parte se encuentra en el lado del poder de la vida que resiste, o del lado de su explotación biopolítica, respecto de la relación que existe entre la diagonal o eje político y el diagrama biopolítico”. (17)
En otras palabras, hay por una lado un espacio virtual anticipado por el tiempo real, constituido de singularidades individuales, y por otro un espacio universal de singularidades universales, formas plurales que suponen una “virtualidad real”, una geometría de ensamblajes.

En el sistema cabalístico por ejemplo, una escalera al cielo promete unirse con la tierra salvando toda distancia a partir de un sistema de armonía numérico que opera y domina el fenómeno para dar un salto “trascendente”, imprimiendo en el sujeto una fe por medio de la armonía enlazada con la gravedad.

Señala Berman (18) que la estructura gnóstica es la plantilla sobre la cual se ha construido el mundo occidental moderno, aunque la ascensión y transformación interna sean ahora ecuaciones y metodologías externas, ambas crean un campo que permite vernos en la historia, sobre un “espacio mental metafórico” que llena la ansia de vacío con una falsa verdad capaz de darnos un sentido de unidad para salvarnos. ¿Salvarnos de qué? Berman dice que la historia oculta es una historia somática, el tabú del cuerpo que la tradición dominante ha reprimido y domado con la ortodoxia, y la contra-tradición que uno ha hecho emerger a ratos con la locura salvaje del hereje.

“No hay menos cosas en el espíritu que superan nuestra conciencia, que cosas en el cuerpo que superan nuestro conocimiento.” (19). Esas cosas que superan nuestro conocimiento, revelan un inconciente del cuerpo, la locura del salvaje, que en el lenguaje intercultural equivale a su “impensado común”, “lo común” que compartimos y que aparece socialmente como externalidades económicas bajo las formas de producción y reproducción. Cuerpo plegado al interior de una representación singular del tiempo, cuya generalidad o despliegue aparece restringido, “temporalizado” como vacío, tanto ante el idealismo de la totalidad como del materialismo de la vida.

Su resistencia radica en un cuerpo que no desaparece como supone la matriz clásica ni se funde con la individualidad moderna, es un agregado singular, descentrado y polimórfico, como una proyección de líneas geométricas y espirales del proletariado contemporáneo.

“¡Y qué espiral es el ser del hombre! (¿Una espiral? Expulsemos lo geométrico de las intuiciones filosóficas y regresará al galope.) En esta espiral ¡cuántos dinamismos se invierten! Ya no se sabe en seguida si se corre al centro o si se evade uno de él. Los poetas conocen bien este ser de la vacilación del ser. Jean Tardieu escribe: Para avanzar giro sobre mí mismo/ciclón por lo inmóvil habitado (Jean Tardieu, Les témoins invisibles, p. 36.) En otro poema, Tardieu había escrito (op.cit., p.34): Pero dentro, ¡no más fronteras!

Así el ser en espiral, que se designa exteriormente como un centro bien investido, no llegará nunca a su centro. El ser del hombre es un ser desfijado. Toda expresión lo desfija. En el reino de la imaginación, apenas se ha anticipado una expresión; el ser necesita otra, el ser debe ser el ser de otra expresión.” (20)

¿Escuchan la música que viene hacia nosotros? ¿creen que es solo ruido?, bárbaros e incivilizados ruidos creyó escuchar la historia lineal del hombre occidental, hasta que el tiempo se diluyó en la música mezclándose, evanesciéndose en el contra-tiempo, sólo ahora parecen audibles los cantos y melodías ancestrales. Lo virtual es aquello que significan las cosas en el drama de su propio concepto, que se actualiza en lo real, realidad que significa al ruido como poder y fascinación (21), “reforzando los fundamentos mitológicos de ésta forma arcaica de soberanía” (22) para más tarde volver a esconderse en una multiplicidad de duraciones heterocrónicas. (23)

Ésta dualidad expresa el sonido del tambor y los cantos, las máscaras o los puntos que trazan una línea, no como una sucesión de fases, sino como una proyección. Es por ello que es un límite, cuya mejor representación es la geométrica, y el mejor ejemplo de él; el horizonte, aparente, sensible, geométrico y físico.

Seamos claros, las sociedades no se definen por la contraposición de sus representaciones colectivas, sino por las líneas de fuga que se le escapan y vuelven a ellas para modificarlas en su significado. (24)

III. 2 Micros tomadas en Pza Italia!!!!!!!!!!OMG!

"La MASA humana está en estos días más vándala que ciudadana", "El descontento anda por ahí, muy suelto, en estado salvaje" (25) así se refiere un diario local al secuestro de dos micros en Plaza Italia, en pleno centro de Santiago. No se trataba de un secuestro terrorista, o de un asalto, o de una emboscada de piratas sufies, sino de los mismos pasajeros, trabajadores y estudiantes, que simplemente querían llegar a sus casas.

La micro estuvo detenida más de una hora y pese a la presencia de la policía, ningún pasajero quiso desistir del “estado salvaje” en el que se encontraba hasta lograr su cometido, el operador del transporte le dice a la prensa “yo trabajo para Pudahuel y toda la gente va para Quilicura”, “¡se tomaron el bus!”, luego señala “yo no puedo salirme de mi recorrido”, pese a ello luego de conversaciones con el encargado de la línea se logró terminar como señala el periodista “con éste secuestro virtual”, y la micro no fue a Pudahuel sino que llevó a los pasajeros a la plaza de Quilicura.

Lo que es interesante en el agenciamiento de éstas prácticas, es que no están inscritas al interior de una arquitectura tradicional. Sino que plantean una arquitectura somática de prácticas “situadas” en el intersticio. Intercambio e hibridación potensian la creatividad y abren posibilidades inesperadas de pensar y de actuar en la esfera pública (26), mediante el intercambio de metodologías y el cruce de nuevas herramientas se van articulando y multiplicando los centros y los puntos de fuga que posibilitan la aparición de nuevas subjetividades políticas.

Podríamos extrapolar la noción de idea, para suponer que la noción de centro en Deleuze es un “lugar ideal” cuyo movimiento define el espacio abstracto contrapuesto a lo posible, posibilidad real, que no siempre coincide con lo actual (27), realidad definida según la resonancia interna del sistema, como parte de la anulación de su diferencia constitutiva y posible en un centro actual constituido por una multiplicidad de singularidades.

En un interesante pasaje en “Micropolítica y Segmentaridad”, Deluze y Guattari se refieren a los centros como “una multiplicidad de ojos animistas” en el sentido de que estos no resuenan en un mismo punto, no son concéntricos, sino que en la segmentaridad circular (28) cada agujero está ocupado por un ojo animal diferente, rostrificaciones animales que en un régimen segmentario duro aparecen sustituidas por un macrorostro, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

De esta forma actúa el actual sistema político, al unir y yuxtaponer subsistemas, pone de manifiesto todo tipo de compartimentaciones y procesos parciales que no se continúan entre sí sin que se produzcan desfases o desviaciones, los ejemplos más claros de ello son la división social del trabajo, la formas de producción inmaterial y la gubernamentalidad biopolítica.

Unos meses antes del “secuestro virtual” de micros, las mujeres del Movimiento ANDHA Chile, a vistas del remate de sus viviendas y luego de un intento de ocupación del centro de la ciudad, deciden ocupar las riveras de Río Mapocho, desplazándose con los días contra corriente para asentarse a una cuadra de Plaza Italia, exactamente a un costado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile que en esos momentos se encontraba en toma, “fabricando” de esa forma un antecedente insólito de la resistencia social al menos desde la Unidad Popular, que dada la urbanización del entorno nos sumerge en la memoria subjetiva de los límites de una ciudad marcada por el río, estética de la marginalidad, que es a su vez el espacio central de la capital.

Casas sin fachada caminan por el río amenazando con arder en llamas, para aparecer y desaparecer nuevamente en el espacio abstracto del ágora, prácticas situadas en la orilla - sí, en la orilla - al interior de los centros de la ciudad, prácticas situadas en los bordes que van desencadenando un amplio apoyo de diversos sectores excluidos, que ven en ellas la única salida a sus necesidades, gestión de las necesidades que ponen en juego a la vida, interpelando a la gestión biopolítica, de la vivienda y el transporte, como de los servicios en general, como el agua, el gas, el suministro de electricidad, los medios de comunicación y el acceso a los conocimientos.

Estos movimientos lejos de optar por la fuga poética, la estética banal o la ocupación de espacios abandonados o periféricos, han decidido recuperar-ocupando los espacios centrales vacíos de la ciudad, desterritorializando las estructuras rígidas reterritorializando los módulos, removiendo las grietas, sus fronteras y deslindes.

El sujeto se reconoce exactamente ahí, en el no lugar del pliegue, fuera de todo territorio delimitado, o dónde el límite se ve sobrepasado, en los muchos “entres” del borde que agencia singularidades y permite devenir en una pluralidad de cuerpos inorgánicos que trascienden a las determinaciones físico-espaciales.

Esta interrelación continua anima toda clase de relaciones intersubjetivas, inversión de los “entres” que va de la mano de conflictos estructurales con cada vez mayor intensidad y frecuencia permutandose y traduciendose en un funcionamiento eficiente de sus composiciones, deviniendo en acoplamientos estables de segmentos que actúan como máquinas moleculares que al segmentarse hacen estallar la vida ordinaria y sus molaridades.

Para referirse a los espacios o segmentaridades duras que tienen “la energía de yuxtaponer en un lugar verdadero muchos espacios y localizaciones que son incompatibles”, Foucault hablaba de “heterotopias”. Las Heterotopías son una suerte de manifestación del espacio en el que vivimos, que son al mismo tiempo míticos y reales.
Son lugares representados, impugnados, que si bien son reales contrastan con la realidad de todos los lugares, son espacios mixtos que se diferencian de la utopía ya que descubren su ausencia cuando no se ven ahí en el lugar dónde están, en cambio la utopía es un lugar que permite verse allí dónde se está ausente, “un espacio virtual que se abre detrás de la superficie”. (29)

Pero los espacios que nos interesan –señala Doina Pretescu- son los de adentro, las “alterotopias”, que son otro tipo de espacios, tanto espacios “del otro”, como los espacios construidos y compartidos “con otros” con “los que se diferencian de nosotros y que son importantes para nosotros”. (30)

Lo importante en la construcción de estos espacios –afirma DeLanda- es su variabilidad, su complejidad y no su permanencia en términos históricos de homogenización y rutinización promovidos por el esquema hilomórfico, el potencial del comportamiento nos permite pensar el origen de la forma y de la estructura, no como algo impuesto del exterior ante una cosa inerte, no como comando jerárquico preexistente o como en una planta de fabricación, sino como algo que puede venir desde dentro de la misma materia, como una provocación en la cuál la forma se encuentra fuera de la materia y les permite que tengan una opinión en las estructuras que creamos. (31)

Estos lugares son por naturaleza catalizadores de nuevas formas de agenciamiento descentrado de prácticas democráticas, creatividad no equivalente a la relocalización de la política central ni a la gestión liberal del municipio, sino a la reconstrucción y actualización constante de conexiones con otros proyectos locales, redes que nos llevan una 'trans-democracia” situada y emergente de una subjetividad colectiva a gran escala.

Esta inversión de los umbrales como práctica contra-captura, nos permite superar la condición anónima en la que nos encontramos, creando en los intersticios y sumando en las diferencias contribuimos a la re-subjetivación del espacio. A partir de la construcción de esta subjetividad rizomática de micro-dispositivos espaciales, anti-arquitectónicos, flexibles y líquidos, es posible de insertar en los contextos metropolitanos esterilizados un proceso de re-subjetivación y creatividad biopolítica, contribuyendo a la reescritura de las diferentes zonas urbanas inaugurando un nuevo discurso más allá de las metáforas de interés de lo público y lo privado.

Notas

*Trabajo presentado en el III Coloquio Nacional de Biopolítica: Crisis, Miedos y Sociedad de Control (Valparaíso, Octubre 2009)
(1) Rothe Eduardo. “La conquista del espacio en el tiempo del poder” Internationale situationniste, Nº 12 (Septiembre de 1969) Traducción del francés: Diego L. Sanromán en Multitud; Colaboratorio de singularidades simbiontes http://colaboratorio1.wordpress.com/
(2) “El concepto de producción del espacio desarrolla un concepto ya muy conocido, clásico, reiterativo: el de producción, pero indica un cambio en la producción, en las fuerzas productivas; se pasa de la producción en el espacio a la producción del espacio". Lefebre Henri: The Production of Space, Trans. Donald Nicholson-Smith Blackwell, Oxford, 1991
(3) Deleuzian Interrogations: A conversation with Manuel DeLanda , John Protevi and Torkild Thanem http://www.dif-ferance.org/Delanda-Protevi.pdf
(4) DeLanda Manuel. A new philosophy of society: assemblage theory and social complexity, Continum 2006, p. 40
(5) Sobre el sujeto y el predicado, composibilidad e incomposibilidad en Deleuze Gilles, Clase II La exasperación de la filosofía, Cactus, 2006, p. 57
(6) “The drum and song have long been carriers of linguistic meaning”. Attali Jacques. Noise: the political economy of music. Sacrificing p. 25
(7) Barthes Roland. La cámara lúcida. Paidós 3ª Edición, 1994. P. 77
(8) “Ti zugun ta Kultrun zugun kechiley”. Femgechi Amuley ñi Pewma Ñi Pelon Kintun. Elicura Chihuailaf
(9) Duchesne Juan. El comunismo molecular de Felix Guattari, Nómada 2 1995, p. 3
(10) Deleuze y Guattari. Mil Mesetas. Edit. Pretextos. Valencia. Traducción José Vázquez Pérez —con la colaboración de Umbelina Larraceta. http://mesetas.net
(11) What makes a biopolitical space? A discussion with Toni Negri; Antonio Negri, Constantin Petcou, Doina Petrescu, Anne Querrien en www.eurozine.com
(12) “Lo que define la multiplicidad no son los elementos ni el conjunto sino el Y, el Y como algo que ocurre entre los elementos o entre los conjuntos. Y aunque solo haya dos términos hay un Y entre los dos, que no es ni uno ni otro, ni uno que deviene el otro, sino que constituye precisamente la multiplicidad.” En Deleuze Gilles- Claire Parnet. Diálogos. Editorial Pretextos. Paris 1977, trad. 1980. (Diálogos 3)
(13) La palabra explosión deriva de la palabra "multiplicacion: (hebreo raba): que significa una multiplicacion en exceso; escandalosa; exagerada; explosiva de los espacios de circulación, y conexión efímera eliminando todo residuo de escena pública. Es una concepción endo-subjetiva emergente, contraria al reduccionismo, ya que interconecta las fronteras, no las delimita.
(14) “Si el rito, además de propagarse en todos los intersticios del tiempo profano, nos da además alguna noticia acerca del posible funcionamiento de una República no estatal” Ambivalencia de la multitud, entre la innovación y la negatividad. Paolo Virno, 2006 Tinta Limón Ediciones. Traducido por Emilio Sadier y Diego Picotto, Buenos Aires Argentina. p. 69
(15) Sobre el pecado y la redención, Deleuze, Clase II La exasperación de la filosofía, Cactus, 2006, p. 58
(16) Artículo publicado en la revista francesa Magazine Littéraire, nº 325 (número dedicado a Foucault), octubre 1994, pp. 57-65. Este texto fue enviado en 1977 por Deleuze a François Ewald para que se lo transmitiera a Foucault. Su intención era reiniciar el diálogo con Foucault, interrumpido en 1977. El texto quedó sin respuesta. Estas notas son por tanto el último testimonio del intercambio Deleuze-Foucault.
(17) What makes a biopolitical space? A discussion with Toni Negri; Antonio Negri, Constantin Petcou, Doina Petrescu, Anne Querrien en www.eurozine.com
(18) Berman, Morris (1989). Coming to Our Senses: Body and Spirit in the Hidden History of the West.
(19) Deleuze, Gilles. “Spinoza: Filosofía Práctica”, Tusquets Editores 1981, primera edición francesa de 1970, p. 28.
(20) G. Bachelard. Dialéctica de lo de dentro y de lo de fuera Capítulo IX de La poética del espacio, ed. Fondo de Cultura Económica Traducción de E. De Champourcin
(21) “Noise is the source of power and the power has always listened to it with fascination” (El ruido es fuente de poder y el poder se ha escuchado siempre con fascinación) Attali Jacques, “Noise and Politics”, Audio Culture: Readings in Modern Music. New York/London: Continuum Books, 2004. pp 7-10.
(22) Battaille Georges, Lo que entiendo por soberanía, 1ª Edic. 1996, Paidos (1976 Éditions Gallimard, París) p. 96
(23) Deleuze, Gilles. Conferencia inédita sobre le Temps Musical. IRCAM (Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique), 1978. Traducción: Ernesto Hernández
(24) Veáse “Mil Mesetas”, el capítulo sobre “Micropolítica y Segmentaridad” como también la nota de Deleuze sobre Tarde en “Diferencia y repetición”.
(25) Referencia al El Diario Las Ultimas Noticias en el video “Transantiago Dia 4: Micros tomadas” disponible en http://www.dailymotion.com/video/x1jrfj_transantiago-dia-4-micros-tomadas_news
(26) Doina Petrescu. “How to make a community as well as the space for it” en http://www.re-public.gr/en/?p=60
(27) "Reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractas" (Proust) en “The Method of Dramatisation” Gilles Deleuze Paper presented to the Société française de Philosophie, 28 January 1967. Bulletin de la Société française de Philosophie, vol. LXII, 1967, pp. 89-118.
(28) La noción de segmentariedad ha sido construida por los etnólogos para explicar las llamadas sociedades primitivas, sin aparato de Estado central fijo, sin poder global ni instituciones políticas especializadas. En este punto, nos interesa oponer segmentaridad “suave” o “flexible”, con la segmentaridad “dura”.
(29) "Virtual space that opens up behind the surface", M. Foucault: "Espace des Autres", publicado por la revista francesa Architecture /Mouvement/ Continuité en octubre de 1984, fue la base de una conferencia pronunciada por Michel Foucault en marzo de 1967. Aunque no se fue corregida para su publicación por Foucault y por lo tanto no forma parte del cuerpo oficial de su trabajo, el manuscrito fue publicado en el dominio público de una exposición en Berlín poco antes de su muerte. Traducido del francés al inglés por Jay Miskowiec.
(30) C. Petcou, D. Petrescu. “Acting Space: transversal notes, on-the-ground observations, and concrete questions for us all”, in Urban ACT, aaa-peprav, 2007
(31) DeLanda, Manuel. Material complexity. Ponencia en seminario Digital Tectonics, University of Bath, Bath, marzo 2002.